Periodo de tranquilidad una vez acabados los exámenes. Pero el agobio se resiste a irse. Una sensación que recorre tu cuerpo impulsándote a mirar en la mochila y darte cuenta de que ya todo acabó.
Esta calma añorada que es eclipsada por la tempestad de las últimas semanas. Toca pronto ponerse las pilas, mirar las asignaturas del próximo cuatrimestre y proponerse, una vez más, llevar todo al día desde el primer momento. ¿Lo conseguiré? No lo creo, llegarán trabajos seguramente que haga aplazar todo hasta el final y una vez más torear ante el toro.
Mi último cuatrimestre, seis asignaturas para la licenciatura, solo queda pedalear un poco más.
Un año después regresa Cocoon a Vimeo con un nuevo videoclip. En esta ocasión no es tan sublime como el de Oh, my God, pero sin duda totalmente recomendable para ver.
De paso os dejo el de Oh, my God, creí que lo había dejado ya pero parece que no.
La felicidad es extraña, es olvidadiza, fugaz, rápida pero tan placentera durante unos instantes. Logran abstraerte de la realidad, de ser ese chico del cerrar de los ojos y alcanzar campos verdes, montañas heladas, bosques de alegría sonora.
Las lágrimas vuelan, los pensamientos solo son recuerdos y las preocupaciones se difuminan en aquel mapa del ayer. Regresa esa confianza que parecías perdida, la diáfana visión de la vida vuelve y sientes sueños lejanos al roce con las yemas de tus dedos.
Si tuviera que quitar una estación de mi ciclo habitual anual sin duda sería el verano. Época donde el infierno sube a la superficie… Días en que algunos se divierten y mojan en la playa. Pero donde otros ven alterados sus sueños, no imaginan, no crean.
Algunos animales hibernan en invierno… ¿Por qué yo no puedo ni dormir unas cuantas horitas en verano? ¡Qué injustas son las estaciones del año!
Sumergirte en un mar de tranquilidad… Acostarte una noche y ni en el más fino hueco de tu mente encontrar nada, ni una palabra, que enturbie el soñar. Sentirte libre es lo mejor que uno pueda sentir, aunque el mundo en el que nos encontramos son pocos esos días.
Y esos pocos días hay que disfrutarlos… Exámenes acabados… Éxitos asegurados en ellos… Es hora de respirar tranquilo. Durante largas semanas tus ocupaciones no te permitían imaginar, abrir el camino a historias que contar, a relatos que escribir. Vuelve el tiempo y la imaginación se perdió en el océano, ¿dónde queda esa gran cuento del ayer?
Y ahora a volver mí mirada al blog, comentar nuevas películas, los videojuegos… Que he dejado atrás el E3 y apenas he comentado nada. ¡He vuelto!
Siempre presentes, odiosas hasta el final… Mis antepenúltimas noches de exámenes siguen ahí.
Son noche de crujir rodillas, te acuestas boca abajo esperando el sueño anhelado pero rápidamente te metes en túneles y túneles donde la puerta del reino de Morfeo es esquiva. Se te asaltan dudas, la última palabra de ese punto, qué había que estudiarse de este tema… Tic tac… Tic tac… Nuevos temas a los que preocuparse, ¿qué diablos hago pensando en esto a las tres de la madrugada? Te preguntas…
Noches de crujir rodillas… Noches de preocupaciones… Noches donde los sueños se olvidan y hasta las pesadillas adormecen.
Feliz época de exámenes un año más desde Columna Dream.
Por mucho que intentemos dominar nuestro cuerpo siempre existirá una última parte de nuestro ser que escapará a la autoridad de nuestras decisiones, el corazón. Él decide todo al final, marca todos nuestros caminares.
Te marcas unas guías, unas ideas, unos sueños pero cuando te das cuenta ya estás viviendo una historia que no deseabas, no la decidías y terminas por cubrir de cenizas unos paseos donde querías ver flores. Y no queda esto allí, no somos nunca uno, no dependemos nunca de unos solos y terminamos por contagiar a los demás, derrumbando amistades y construyendo otras donde sabes que los cimientos harán que se caigan cualquier edificación.
Reniegas de promesas... No puedes cumplirlas, todo es diferente, no es lo que piensas si no lo que sientes y el sentir no entiende de razones ni de promesas aunque estas fueron selladas de corazón.
Seguimos mirando al frente... Y ahora toca imponer unas normas, un silencio, un encierro de reflexión que nos consiga evocar esos tiempos donde una simple piruleta contentaba a ese tirano llamado corazón.
¿Se puede olvidar lo que no se quiere olvidar? Esperando a que salga el sol, a que vuelva el brillo de una sonrisa relegada a un destino cada vez más incierto. Le salen imitaciones, comienza los bailes bajo la lluvia pero sigue en el recuerdo, no se puede luchar. Cuando consigues olvidar te acuerdas de por qué olvidas y te sumerges en un constante ciclo sin fin, una noche sin fin.
Conversaciones vacías, sonrisas ausentes y unos adioses sin más los ingredientes de la ignorancia… Cada despedida es un adiós, no hay un seguro hasta mañana porque el Sol no sale, sigue la lluvia, sigue la noche y los caminares no se cruzarán, ya no serás su último recuerdo.
Amaneceres que nunca llegan.
Tras esta parafernalia os introduzco la canción presente en mis oídos desde hace poco más de media semana:
¿Por qué nos cuesta tanto memorizar lo obligado? Época de exámenes, tiempos de estudiar hojas y hojas de apuntes con el aprobado (o sobresaliente para algunos) como objetivo.
La vida es un continuo memorizar de datos, acciones, el simple respirar de nuestro cuerpo es un hecho que memorizó nuestro cuerpo para sobrevivir. Quizá haya empezado muy exagerada mi entrada, pero vayamos a algo más simple, hablemos de Perdidos (Lost), aquella serie tan difícil de entender y que rozó el centenar de horas de emisión bien nos podía costar a cualquiera de la que los seguimos un buen diez en un examen sobre ella.
Y solo hemos necesitado ver, sin mucha o poca atención todos sus capítulos. Ahora llegan unas cuantas hojas de apuntes, 40 en mi caso, y no podemos llegar a entenderlas, memorizarlas. En este momento es cuando la carrera pasa de una etapa llana a una de montaña cuya cima parece no ser alcanzada nunca y si lo conseguimos es con sudor y horas de sueño perdidas.
Duele y duele más, cada página que logramos entender y memorizar golpea como un yunque de hierro en nuestra cabeza… Dolor de cabeza en aumento, queda menos, sigues intentándolo, ahora miras el reloj, “maldición, solo quedan 48 horas”. Ahora las prisas te corroen, te arrepientes de los anteriores tres meses perdidos, auguras un final desalentador y comienzas a devorar las páginas sin saber o no lo que contenían todas esas palabras.
Cierras los ojos, te imaginas en una pradera verde con un cielo azul… Abres los ojos y te ves tumbado en un sofá con unas hojas desordenadas que te dicen: “estúdiame…”.
En fin, ¡Feliz época de exámenes! Os dejo una canción motivadora, al menos para mí, y hasta la próxima entrada.
Esta vez la entrada de mi blog la ha hecho otra persona por mi, pero guarda buena razón, ¿no creéis? Y solo quienes creen en la belleza de sus sueños, en lo que no ven, son los que alcanzará las metas más maravillosas y el futuro son para ellos.
Yo creo en mis sueños, por muchas realidades duras que me encuentren, sigo creyendo y seguiré creyendo en lo que no veo. ¿Y tú? ¿Te ves capacitado?
Sí, es cierto. Constantemente nos encontramos con murallas que nos cortan el camino hacia las puertas de la felicidad, pero ¿y qué? Debemos seguir creyendo, luchando, buscar con anhelo aquello que deseamos que un día sintamos compartido, una idea, un sueño hecho realidad.
Hoy cierro los ojos y veo ya nuevos sueños, el anterior se apagó pues ya ni siquiera es pesadilla pues lo que parecía ser un ángel ni siquiera a demonio llega. Pero sigo soñando, si no es esto será otra cosa, y si no es esa cosa algo más se encontrará pero debemos seguir soñando pues, como dije antes, el futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños. Y no a quienes apagan su vida, a quienes huyen de sus sueños por miedo a no ser dueños de un destino que tristemente se convertirá en una historia triste, sin final y sin metas que alcanzar.
Nada de lo que imaginamos se hace realidad, todo se marca en un camino diferente, sorprendente... Un destino que solo nos deja mover unos pequeños hilos pero nada más.
Vivimos en una constante carretera, una autovía con punto de partida y llegada definidos desde que ponemos las llaves y encedemos el motor.
A veces nos sorprenden salidas que no estaban en el mapa, parecen perfectas, hechas para nosotros, 5KM para llegar allí y la tomamos y lo que nos encontramos son caminos de tierra, peligrosos, donde nuestro coche se hace trizas, se estropea y terminamos por volver a la misma autovía con un fin predefinido.
Todo está escrito, basta de llorar, basta de sonreir, basta de ser personas con sentimientos porque no podemos hacer nada. ¿O sí? ¿Tú que opinas? Dicen que todo en la vida tiene solución, pero... ¿cuantos muros nos podemos encontrar? ¿Podemos escalarlos?
Pues ya llegó la hora, esperando hasta el último día para desearos la mejor de las navidades posibles y no posibles. Se me estaba resistiendo esta entrada porque siempre que me ponía a hacerla se me ocurría hacer una sobre algún otro tema no relacionado con esta época del año y yo creo que esta entrada merecía protagonismo por si propia y una duración como la última subida durante un par de días.
Así que bueno, me pongo con mi teclado sobre las rodillas a escribir unas breves líneas que os haga sentir a mis lectores croatas, que son los que más me visitan últimamente, bien felicitados por el autor de este cada vez más longevo cuaderno de bitácoras.
La Navidad la verdad es que no es una época de la que se pueda decir mucho pues conocerla lo que se dice conocerla más bien poco, yo solo tengo el recuerdo de la infancia cuando llegaba el día veinticinco y abría unas cajas que escondían una Game Boy Color, un libro, un juguete, etc. Lo que es esta época en sí estoy empezando a conocerla ahora y por ello puedo hablar poco y solo basarme en lo que dicen los demás, las películas.
Lo cierto es que en estos días te sueles acordar más de los que no están de los que si están y ello es una tristeza porque muchos de los que no están no merecen ni un mísero recuerdo tuyo pero bueno, ahí están, un día más monopolizando tus recuerdos.
En fin, que no me extiendo mucho… Que ya llaman a la puerta el olor de la cena de Nochebuena y hay que ir avisando a la tripita de lo que le viene encima en próximas horas. Espero de toda verdad que estos días muchos de vosotros encontréis cumplidos por breves momentos o una eternidad alguno de los deseos más profundos de vuestros corazones, que podáis encontraros con la gente que deseáis, con aquellas personas que os hacen felices y que riais mucho pues la sonrisa es lo único que importa ahora y siempre.
Día feliz de noviembre, el último de ellos, el final aunque él no lo sabía. Un amanecer como cualquier otro se abría en una mañana de domingo, aún estaba vivos los tan anhelados destellos deseos del ayer cuando miró a los ojos de sus sueños, la mirada de su perdición, la que haría que su vida ya no volviera a ser la aburrida historia de un joven estudiante.
Miraba por la ventana mientras desayunaba, cada cucharada de los cereales parecía saber más rica en ese día, se miraba al espejo y se veía contento, era un chico feliz. Tanta era esa felicidad que al son de cualquier canción la tarareaba e incluso bailaba y al filo del mediodía en el Mare Mostrum aparecía ella, estaba conectada… la primera conversación del día.
Se fue tres horas después y pudo leer estas palabras… “Si te apetece luego voy a despedirte”… Pasó una larga tarde caminando en los pocos metros de su piso, esperando una llamada que parecía que no iba a suceder nunca. Pero llegó, a las ocho vibró el móvil, cinco veces se repitió esa sacudida, era ella… “Oye, me dijiste algo antes por el Messenger de ir a despedirme”… La sonrisa se iluminaba en su rostro, al joven se le había concedido su deseo, vivir una hora más de cara a sus sueños.
No había tiempo para celebrar ni arreglarse, el tiempo corría en su contra y debía de coger un autobús rápido, el primero que saliera de la glorieta… Lo cogió y cada minuto que pasaba se hacía una hora, ¿llegaría a tiempo?
Ya estaba allí, donde quedaron, no la encontraba, estaba escondida en uno de los pasillos laterales con un amigo, era simpático, hablaron los tren durante todo ese tiempo hasta que se encaminaron por las calles de la ciudad. El chico deseaba quedarse sola con ella, poder susurrarle al oído lo feliz de mirarla un día más pero solo tuvieron diez minutos…
El suelo estaba mojado, ella le cogió del brazo y luego él llevó su mano hacía la suya… Fueron cogidos de la mano este pequeño trayecto, el último paseo juntos, nada parecía ser que fuera a ser el último. “¿Estás tristón? Le preguntó la joven… Pero el chico nunca estaría triste mientras pudiera mirar a esos ojos, simplemente tenía miedo, de cometer cualquier error, cualquier pellizco que le despertara de ese sueño.
Y ahí llegaron, unas escaleras, un tren, un adiós. Llegó la hora de despedirse, “te conectarás ahora”, “claro, siempre encontraré un hueco para ti”, se miraron a los ojos y se pudo ver amor… Había que darse un abrazo, que ese sentimiento entre los dos brotara del uno para el otro y del otro para el uno.
Pero el chico aún no sabía que ese iba a hacer el último abrazo… La mañana siguiente a ese 21 de noviembre todo cambiaría, lo construido serían ruinas y de las ruinas no renacería nunca más nada.
¿Qué son los sueños? Solo son ilusiones que ayudaban a caminar a los cobardes, a los que no sabían ver la belleza del mundo que tenían y buscaban ideas que les permitieran seguir adelante.
Pero todo es perecedero… y los sueños acaban con el chasquido de un dedo, con el tecleo de unas pequeñas palabras, ni siquiera encuentras las respuestas que explican ese final, de repente todo es pesadilla.
Ahora queda salir adelante, pero ahora no queda un sueño sino un recuerdo que quieres olvidar, ¿cómo hacerlo? El tiempo no cura, solo cicatriza, es tan poco lo vivido pero tanto lo recordado… Aquella web, aquel juego, aquellas llamadas, aquel banco, aquella ciudad, aquellas fotos, aquel libro, aquella sonrisa, aquel tren, aquella hora, aquel pequeño beso, aquella mirada, aquel abrazo, aquella despedida, aquel paseo, aquellas manos, aquel silencio, aquellas palabras… Todos esos momentos hoy solo recuerdos, recuerdos que matan.
Nunca jamás… nunca jamás… nunca jamás… Apenas fueron 50 días… ¿Cómo dibujar el destino ahora? ¿Quién lo hará? Caminares incompletos… una meta en el final, una espera que se alargará por toda una vida, suspirando por volver a leer su saludo, por saber de su felicidad.
Déjame en paz… Las últimas palabras de ese sueño, retumbarán siempre en mí… En una espera que será eterna pero verdadera porque alguien me dijo una vez que se puede crear un comienzo igual de bonito.
En estas fechas siempre conviene acordarse de las grandes películas con tonos oscuros en busca de mundos de muertos vivientes. Un genio para ello, aunque algunas de sus películas las considere luego infumables, es Tim Burton que de vez en cuando nos traía un filme con un gran éxito en taquilla y crítica.
Una de las primeras que hizo se llamaba Bitelchus, no lo digas tres veces pues aparecerá frente a tus ojos, que se convirtió en una cita obligada todos los años en las vísperas a la Noche de los Difuntos o Halloween. Otra de las cintas que aparecieron con los años fue Pesadilla Antes de Navidad que dejó el que hasta ahora puede ser el mejor himno para estos días: This is Halloween. Y más recientemente encontramos la Novia Cadaver.
En definitiva, y esto es una entrada corta para recordaros los días en los que estamos, Tim Burton ha sabido exprimir mejor que nadie una fiesta tan popular en América como comercial. Pero hay algo más si lo conseguimos tomar de buena forma, y es la de poder crar una cita para la reunión de amigos frente a un televisor y ver películas de gran terror.
Bueno, yo ahora deseo que sea viernes para estar en mi casa y poder probar las gachas que hace mi madre.
Uno de los mayores placeres en los viajes es la posibilidad de hacerlo siempre con las maletas vacías. No depender de cargas, no dejar nada atrás pero tampoco tenerlo que llevarlo contigo. Alejándome de la filosofía algo similar me pasa a mí. Tener que llevar siempre una maleta en la mano hace que mis viajes cansen más, pesen, y terminen por derivar en un completo coñazo.
Ir con lo puesto es sin duda la expresión que más me gustaría realizar, una camiseta bonita, su pantalón, zapatos cómodos y a conquistar el mundo se ha dicho. Con ello siempre encuentro una tranquilidad, no existe la preocupación del olvido porque me miro, me miras, y yo veo que llevo todo lo que necesito. ¿Y acaso se necesita más para viajar?
Hay bastantes incoherencias en algunos dichos sobre estos quehaceres. Viajar para conocer nuevos horizontes lo veo bien... ¿Pero el que viaja para huir de sus recuerdos? No es comprensible hacerlo para ello pues allá donde vayas dejaras algo, tu huella en el suelo de la Plaza Roja, una bocanada de tu aire respirado frente al Big Ben, un pequeño pelo que se te caiga mientras paseas por Times Square. Ya estás provocando un recuerdo en esa ciudad hacia ti y tú te llevas un sueño de volver. Ya eres esclavo de otro recuerdo.
En fin, entrada chorra para rellenar un poco el blog y que no quede en el olvido. Como siempre una canción, se titula Andar Conmigo, es conocida de hace unos tres años, creo, pero bueno.
Tranquilos, no va por ahí los tiros, pero auguro a que este título haya hecho que muchos se hayan puesto atentos junto a la pantalla para ver que escribía por lo que he de pedir perdón por la decepción que os habréis llevado; algún día la habrá.
Mi entrada va dedicada a los puentes, no a los de piedra y hierro si no a los de días festivos juntos, que nos hace la vida más fácil de vez en cuando al año. Ellos consiguen que expulsemos de nosotros el cansancio de la rutina. En mi caso me puedo quejar poco e incluso me viene mal este puente pues mi vuelta a la rutina ha sido tan reciente como hace 6 días, pero el relax producido en quienes lleven ya un mes de rutina ha de ser poco menos que espléndido.
Este que nos toca esta vez se llama el del Pilar o el de la Hispanidad, tiempos de desfiles en Madrid y jotas en Zaragoza, y ha venido cargadito de lluvias, de un tiempo otoñal de estos que nos hacen imaginar nuestros más profundos sueños.
En fin, como viene siendo costumbre os traigo otra canción, se trata de un grupo con bastante tiempo pero al que conocí hace escasas 24 horas.
Quizás sea por el ambiente verano otoño y otoño verano, puede también ser la monotonía de los temas propuestos en las últimas fechas donde mi opinión me la reservo por la sobrexplotación del tema en los medios de comunicación, pero lo cierto es que mi inspiración empieza a notarse por su ausencia y las palabras no me terminan de venir solas.
¿Puedes buscarlas? Sí, claro que puedo, viajar, leer, pasear, ver una gran película, todo termina por crear un buen recuerdo del que nutrirte para escribir una buena entrada en este, mi cuaderno de bitácoras.
Son días de vacío, donde el gusanillo del nuevo curso universitario empieza a notarse. También la preocupación por el futuro de mi ciudad que el próximo miércoles 30 tendrá una cita clave. Visto ahora creo que en las próximas semanas las entradas volverán a hacerse notar en el blog y así poder llegar en fin de año a los 100 artículos, temas y demás abiertos en esta columna joven con más de dos años de historia.
Por último puedo decir que el que me falte palabras no tiene que significar que vaya escaso también de contenidos que regalaros. Dos canciones escuchadas recientemente me han gustado bastante así que os las dejo aquí:
Despertar ya es en sí mismo una decisión, la de cada ser por seguir adelante en la vida, pero esta no es más que la primera de las mil que podemos a llegar a tomar en cada día. Algunas son fáciles, dar un paso a la derecha o a la izquierda; otras complicadas, elegir la ropa que te pondrás; pero todas guardan en sí un componente que nos forma como personas.
Luego hay unas que por sí solas, pase lo que pase, son polémicas. Hablamos de las que implican a otras personas, decidir conocer a alguien, decidir darle tu número… En fin, ya sabéis lo que os cuento. Normalmente en todas estas tiramos por lo positivo, por el dar el paso adelante, pero a veces en la vida tenemos que dar un paso atrás. Un caminar revulsivo esperado pero no salvado de ser doloroso.
Tras tomar una decisión tan imperecedera e irreversible no cabe esperar nada más que un buen tiempo para tomarla y otro después para aclarar nuestros sentimientos en esta nueva situación creada. Así pues, cuando hemos elegido ese camino, buscamos el olvido, el despejar de nuestra mente lo que rechazamos. ¿Pero cómo olvidar cuando encuentras lo rechazado?
Ahí estaba… basta un momento de descuido para cruzarte con sus ojos, con la mirada de la derrota, de lo que pudo ser y no fue. Un encuentro inesperado.
Fin de línea, acabó esta entrada que os quise contar. Tantas palabras unidas y desunidas para al final solo deciros que escuchéis esta canción con su videoclip correspondiente, yo la había oído en el anuncio de un videojuego:
La semana pasada, dentro del marco del Festival de Música de Cine, Úbeda pudo disfrutar de, muy posiblemente, la pista de banda sonora que más lágrimas ha derramado en el último lustro. Michael Giacchino llegó a la ciudad ubetense y dentro del mejor de los escenarios dirigió a una orquesta para tocar el tema final de la serie Perdidos.