El tiempo no es esquivo a la nostalgia… Cada gota de lluvia acrecienta esa memoria, cada rayo de luz la vuelve más tenue en vez de borrosa. La nostalgia no es simple recuerdo, es sentimiento, el poder de llevarte a momentos y hacerte añorar cual fina línea de batalla tuvieras.
Una pequeña foto, cuyo tamaño no llega ni para sobrepasar a tu dedo pulgar, puede transporte contra voluntad propia a ese día, a ese lugar, a esa vieja costumbre. A esa pequeña biblioteca. Aquellas mañanas de recreo, donde ejercíamos de defensores del patrimonio curando las heridas de aquel viejo libro sagrado, de las risas por esa otra enciclopedia de los horrores o los retos del lector más rápido. Hábitos, formas de pasar el poco tiempo libre de aquel colegio donde creciste.
Saltas de esa biblioteca, renaces en las aulas. Pupitres pequeños, sillas incómodas, tratas de acomodarte usando esa pared de pinturas caídas pero sin manchar tu jersey nuevo. Una última clase va a empezar… Los sudores caminan por la frente y el hambre no es solo cuestión de comida. Esperamos el timbre esperanzador, unos deciden cogerle el reloj al profesor y adelantarlo unos minutos. Cualquier cosa es válida por ver esa puesta de cristal antes de que caiga una hoja más.
La sirena suena y la libertad vuelve. Junto a aquel eterno pilar esperes junto a un compañero unos minutos para volver a casa. En frente otros no tienen tanto tiempo para el reposo y corren hacia el autobús. Aquel joven de pantalones verdes chillones en zancada a zancada regresa en tu mirada, las carcajadas estaban aseguradas.
No es un día normal, es un día del pasado. Una vida corta pero tan llena de recuerdos. Viajes a las mañanas del ayer, a las minúsculas preocupaciones, a esos detalles que hacían cada día especial entre tanta monotonía.
Las fechas llegan, tardan, pero terminan por hacer su aparición en el calendario. Hoy es una de esas, triste quizás, pero mañana recordada con nostalgia y puede que con una buena dosis de sonrisas en futuros reencuentros. A eso de las dos y media del mediodía salía del aula 1 de mi facultad, la de comunicación, con un ambiente bien diferente. Había concluido la última clase en conjunto con mis compañeros de promoción y grupo de periodismo.
A la espera de una exposición mañana en una optativa, se puede decir que estas casi tres horas de visionado de informativos (nuestros trabajos prácticos durante este cuatrimestre en la asignatura de televisión) han sido lo último que he aprendido en compañía de estos futuros periodistas.
Unas clases que comenzaron allá por una mañana de un 29 de septiembre del 2008. “El accidente de la carretera de Campanillas”, sí, cómo titular esto fue nuestra primera lección compartida. Después llegaron otras cosas que aprender. Nuestros primeros agobios por unos exámenes universitarios. Petar el botón del F5 de la Duma en busca de esa nota que nunca salía. No me extiendo mucho en esto porque sé que todos estos recuerdos en el discurso del próximo 1 de julio se dirán, yo los tengo en mi memoria y estoy seguro que todos nosotros también.
Este tren ya llega a su fin y miramos a la ventanilla y la estación a las que llegamos nos hace ver que el viaje no ha hecho más que comenzar. Ahora llega lo difícil, es el momento de la lucha, de los sueños quizás algo rotos. Pero a buen seguro estoy que entre todos estos compañeros habrá quienes lleven el nombre de nuestra promoción bien alto, alguna que otra parece que incluso lo difundirá por tierras suizas.
Esto se acaba, el don de la palabra escrita, para algunos, o hablada, para otros, fue lo que nos motivó en buena parte a seleccionar este sueño entre tantos otros del océano. Me alegro que así lo hicierais, que escogierais este tren, al que hacía mención antes, y me dejarais algún que otro momento entrar en vuestros vagones.
Yo nunca he sido de integrarme bastante en los grupos. Siempre era de los de sentarme con tres o cuatro personas más y a pasar las horas, semanas y meses. Sin embargo aquí, a pesar de todas las adversidades encontradas, me he sentido a gusto y puedo decir que a pesar de ser 100 en clase ha habido más compañerismo que en muchas aulas de solo 30.
Hace un par de semanas nos comentaban que teníamos menos cualidades que otros que vienen por atrás. A ellos no los conozco, no puedo valorarlos como tal y me alegro que los tengan en tal alta estima esa persona. Pero de mis compañeros sí puedo hablar, sí puedo izar la bandera de los “nacionalismos” que hacía mención el profesor que nos dio la última clase y defenderlos.
Son trabajadores, tienen principios, tienen metas… Pero sobre todo tiene dos cosas valiosas que siempre destacamos pero que luego olvidamos, gozan de humildad y tampoco pecan de insolidaridad.
Entre tanta gente siempre fue normal que hubieran rencillas, si entre 12 hubo un traidor… Pero no hay que olvidar que hay más que nos une y creo que estos últimos meses poco a poco nos hemos ido dando cuenta. De que las sonrisas son mejores que los gritos, que reír de nuestros errores nos hace ser más alegres ante la adversidad. Sí, risas he tenido muchas, hasta de personas con las que quizás en un principio pensé que jamás me podría llevar ni regular. Pero ahí están… Ahí fueron…
Han sido cuatro años de muchos recuerdos que como dije antes ya volveremos a recordar… Pero a la espera de ese momento quería dar las gracias a todos estos compañeros, a los que siguen aquí y los que no acabaron pues miro alrededor y me falta alguna cara. Pero a todos vosotros muchas gracias por acompañarme en esta meta de ser periodista. Del futuro ya hablaremos.
No hace si quiera media semana desde que el cordobesismo pusiera todo su corazón en un nuevo proyecto radiofónica, un día en el FM (98.1) que inyectará sangre blanquivierde en los oyentes las 24 horas del día. Como toda nueva andadura hay más sacrificio que cualquier otra cosa, muchas horas de esfuerzo que poco a poco darán sus frutos.
Entre una parrilla que carece de programación local salvo contadas horas CCFR puede hacerse un hueco importante. En ese primer barco que salió de su puerto el pásado sábado yo entré a colaborar. No fue gran cosa pero todo granito siempre es bienvenido como quién dice. Así, como inalámbrico en las gradas junto al compañero José Manuel Serrano intentamos llevar el sentir de una afición presente a los que estuvieran fuera del coliseo blanquiverse.
Las experiencias hacen a uno maestro, yo no había tenido aún ningún contacto (fuera de la facultad) con la radio y el tenerlo ese día, por poco que fuera aunque en un recinto inigualable, me hace haber ganado un poco más en mi futuro como periodista.
Periodo de tranquilidad una vez acabados los exámenes. Pero el agobio se resiste a irse. Una sensación que recorre tu cuerpo impulsándote a mirar en la mochila y darte cuenta de que ya todo acabó.
Esta calma añorada que es eclipsada por la tempestad de las últimas semanas. Toca pronto ponerse las pilas, mirar las asignaturas del próximo cuatrimestre y proponerse, una vez más, llevar todo al día desde el primer momento. ¿Lo conseguiré? No lo creo, llegarán trabajos seguramente que haga aplazar todo hasta el final y una vez más torear ante el toro.
Mi último cuatrimestre, seis asignaturas para la licenciatura, solo queda pedalear un poco más.
Desde hace poco más de una semana ha echado a andar el primer trabajo reenumerado de mi carrera. Un placer difícilmente descriptible en tiempos donde parece ser simplemente eso, un placer. Un tesoro al alcance de muy pocos. Son tiempos de responsabilidad, de querer demostrar a quienes confiaron en ti que vales para el cometido aunque solo sea una parada en un camino aun lleno de sueños.
Pero esos mismos se abren con esta puerta, un mar de posibilidades, un horizonte cercano que se contrapone al lejano tan imposible y difícil de escalar. Es tiempo de hacer cálculos, de pensar en el futuro (eso que los gobiernos de España nunca hacen para sus jóvenes) y, sobretodo, disfrutar aprendiendo.
Hacía tiempo que no escribía en esta sección del blog. Y la verdad es que puedo decir que ha habido cambios desde entonces. Un trabajo pequeño y corto, pero que te permite mirar a la vida con más ambición en tiempos donde un capítulo de tu vida inhala sus últimos momentos. Hablo de mi licenciatura de periodismo de la que apenas resta 6 asignaturas a aprobar el próximo junio.
6 escalas más en el viaje para ser un nuevo plumilla, junta letras, guardián de la verdad… Etapas que acaban, momentos para volver a soñar y ponerte nuevas metas.
Nota adicional: de mi trabajo de momento poco puedo hablar pues las funciones van in crescendo, sería algo así como un community manager. Pero pensar que formo parte de un proyecto como este, de saber que quienes la gestionan confían en mí para invitarme a navegar en su barco en busca de conquistar nuevas metas en la mar oceána de internet me anima a esforzarme.
La felicidad es extraña, es olvidadiza, fugaz, rápida pero tan placentera durante unos instantes. Logran abstraerte de la realidad, de ser ese chico del cerrar de los ojos y alcanzar campos verdes, montañas heladas, bosques de alegría sonora.
Las lágrimas vuelan, los pensamientos solo son recuerdos y las preocupaciones se difuminan en aquel mapa del ayer. Regresa esa confianza que parecías perdida, la diáfana visión de la vida vuelve y sientes sueños lejanos al roce con las yemas de tus dedos.
Hay momentos en que te pierdes, en que no sabes dónde estás y te sumerges en un mar de pensamientos. El mundo de los blogs me está dedicando muchos de esos momentos.
No hablo de los blogs de opinión, sino de los de sensaciones, como mi sección del Escuchar del Tiempo, pequeños rincones de este magno océano donde pequeñas personas con gran corazón cuentan sus aventuras de sus pensamientos.
En ellos hay momentos en que parezco enamorarme de quienes los escriben, de palabras que hechizan, descripciones de lugares que al cerrar los ojos pareces caminar por ellos. Torturas en las cabezas de estos pequeños aspirantes a escritores que nos hacen sufrir.
La calidad que nos regalan los blogs cada día es más asombrosa…
Hay horas que son curiosas contemplarlas algún día para valorar y callar a todos estas voces alemanas que nos tildan de vagos. La primera hora del día, esa de las 8 de la mañana, múltiples paseos de personas como hormigas madrugadoras dispuestas a levantar la ciudad y el país un día más.
Es una estampa repetida cada día, en menor medida sábados y domingos, que nos hace sentir parte de la sociedad, una rutina cansina quizás, pero la que identifica a un lugar que mira al desarrollo.
Yo llevo ya varios años en Málaga, pero en la zona donde vivo el ajetreo propio de una ciudad peca por su ausencia, solo se ven universitarios con su mochila y alguna abuelita esperando el autobús. Ahora en Córdoba, mientras realizo las prácticas en el periódico, he tenido que madrugar algún que otro día, y produce una sensación extraña ver las prisas con las que se mueve la gente a la primera hora del día.
Caras serias, algunas de preocupación, curiosas chicas que quedan para ir de compras en estas primeras horas. Bicicletas entremezcladas con la gente y jóvenes repartiendo el 20Minutos, el periódico que nos da los buenos días sin duda.
Hace unos años el lema de la firma de coches BMW era "¿Te gusta conducir?". Hoy lo rescato para analizar este juego mítico, el mejor GTA que hay y habrá, la culminación de una saga que empezará unos años atrás con GTA III: Liberty City, siguiera con Vice City (con esa mítica Radio Espantoso) y terminara en este, San Andreas.
Al ser un juego con casi 6 años en el mercado no me extenderé mucho y colocaré una pequeña impresión de lo que supuso para mi. Era la libertad, el trasladarse a un mundo paralelo donde podías ser el Dios de todo, dominar la ciudad y la región, coger una simple furgoneta y recorrerte esos campos y desiertos, coger un Chevrolet, o su similar e ir a la aventura. Tú y tu coche, tú y tus armas, tú y tus ansías de volar.
Había veces que tenías la sensación de conocerte todas esas calles como si de en Córdoba, mi ciudad, estuviera paseando. Coger ese tren con destino Las Venturas (Las Vegas) y ver todas esas luces de los casinos a la par que te enviaban difícil misiones que resolver. Comparar las comisarias, de la lujosa de la ciudad citada antes a la normalita de Los Santos (Los Ángeles). Qué decir tienen estas bandas que nos estorbaban por el camino y a las que teníamos que dinamitar para hacernos con el control de la ciudad, Los Vagos, los Ballas... Vestirnos de verde para tener más respeto de nuestros vecinos.
Esas tardes en el gimnasio haciendo pesas, corriendo en la cinta, poniéndonos en forma para seguir demostrando al vecindario nuestra superioridad física. Esas pizzas, esos pollos que nos comíamos para no perder la energía. Ah, se me olvidaba, esas persecuciones tontas a bicicleta del tranvía de San Fiero (San Francisco).
GTA San Andreas fue el juego maestro, aquel que nos permitió trasladarnos de pleno a un videojuego, con toda la violencia que podría tener o no tener, pero el título que nos hizo sumergirnos en un mundo virtual, coger un coche y recorrer las largas autopistas, sentirnos en la piel de esos grandes protagonistas de películas americanas que atravesaban la legendaria Ruta 66 como si de Rayo McQueen fuéramos. Coger nuestra radio y editarla, poner nuestros títulos, está todo listo, es hora de viajar. ¿Te gusta conducir?
Verano no es solo calor, también está contraposición de las mañanas, de esos amaneceres con un aire fresco que corren aliviando y haciéndote soñar con todos tus deseos.
Para aquellos que madrugan, que les gusta despertarse con los primeros rayos de luz a eso de las siete y media de la mañana es una delicia. Claro está si piensas que al menos hasta dentro de dos horas no tendrás ninguna obligación.
Sin embargo muchos nos perdemos por las noches de embrujo cordobesas, también frescas, llenas de olor, de esa tierra mojada en los suelos por el riego de los trabajadores nocturnos de Sadeco. Pero hacerlo un día, acostaros prontos y despertaros con el amanecer, el alivio de la cama os hará conseguir fuerzas para el resto del día.
P.S. Sí, entrada de relleno para no olvidarme del blog.
Si tuviera que quitar una estación de mi ciclo habitual anual sin duda sería el verano. Época donde el infierno sube a la superficie… Días en que algunos se divierten y mojan en la playa. Pero donde otros ven alterados sus sueños, no imaginan, no crean.
Algunos animales hibernan en invierno… ¿Por qué yo no puedo ni dormir unas cuantas horitas en verano? ¡Qué injustas son las estaciones del año!
Sumergirte en un mar de tranquilidad… Acostarte una noche y ni en el más fino hueco de tu mente encontrar nada, ni una palabra, que enturbie el soñar. Sentirte libre es lo mejor que uno pueda sentir, aunque el mundo en el que nos encontramos son pocos esos días.
Y esos pocos días hay que disfrutarlos… Exámenes acabados… Éxitos asegurados en ellos… Es hora de respirar tranquilo. Durante largas semanas tus ocupaciones no te permitían imaginar, abrir el camino a historias que contar, a relatos que escribir. Vuelve el tiempo y la imaginación se perdió en el océano, ¿dónde queda esa gran cuento del ayer?
Y ahora a volver mí mirada al blog, comentar nuevas películas, los videojuegos… Que he dejado atrás el E3 y apenas he comentado nada. ¡He vuelto!
Siempre presentes, odiosas hasta el final… Mis antepenúltimas noches de exámenes siguen ahí.
Son noche de crujir rodillas, te acuestas boca abajo esperando el sueño anhelado pero rápidamente te metes en túneles y túneles donde la puerta del reino de Morfeo es esquiva. Se te asaltan dudas, la última palabra de ese punto, qué había que estudiarse de este tema… Tic tac… Tic tac… Nuevos temas a los que preocuparse, ¿qué diablos hago pensando en esto a las tres de la madrugada? Te preguntas…
Noches de crujir rodillas… Noches de preocupaciones… Noches donde los sueños se olvidan y hasta las pesadillas adormecen.
Feliz época de exámenes un año más desde Columna Dream.
El arte de la escritura no muere y sigue buscando jóvenes talentos que no permitan vagar las letras y palabras por el inmenso mar de la incultura. En días como hoy escribir un libro puede parecer una tarea de fácil culminación, allá hallamos a personajes de lo más variopinto que de una noche a la mañana se enmarcan en una aventura novelesca creando unas páginas de difícil comprensión o más encaminadas hacia otros menesteres.
Pero no, no es verdad. Escribir un libro sigue siendo recompensa para las mentes con más brillantes en el mundo de la fantasía y la constancia. No vale tener una idea, has de tener miles, y no vale tener mil ideas, hay que saber conectarlas, darle forma. Ya sabemos todo el dicho de que un libro es como una casa donde cada ladrillo es una palabra, una pared una frase, y el cemento sus conectores. De tal manera que no, no es fácil escribir un libro y sino que me lo digan a mi cuyos periplos por estos campos han acabado más pronto que un plis plas.
Sin embargo aún hay gente que existe, que busca este camino y lo logra, con mayor o menor éxito, con errores, claro está pero con la alegría de alcanzar una meta. Una de estas atletas de la escritura es una buena amiga mía, María del Pino quien hace unos breves meses se atrevió con la novela y lo hizo a lo grande para imprimir más de 600 páginas. Un logro que hoy quiero reconocer desde este blog y así de paso publicitar su libro del que podréis encontrar más información en su web.
¡Un saludo y ya sabéis, a alcanzar metas que sin ellas la vida es aburrida!
Las cero horas y cincuenta y dos minutos, giro la cabeza hacía la ventana de mi estudio y observo el vacío de la noche en la que se sumerge la calle. Son cuarenta minutos sin que pase ningún coche, no se ve respirar a ningún alma.
En tu cabeza empieza a sonar una música, el ritmo se repite, tus pies empiezan a temblar, 28 días después… En la profundidad se escucha el rugido de una radio de un coche… Bum bum bum… Imaginaciones, desvaríos que hacen crear una historia de terror en tu fantasioso mundo, llegan los zombis...
Dan ganas de huir, pero no, quieres enfrentarte a la noche, a lo que venga, sentirte como Robert Neville en Soy Leyenda…
Por mucho que intentemos dominar nuestro cuerpo siempre existirá una última parte de nuestro ser que escapará a la autoridad de nuestras decisiones, el corazón. Él decide todo al final, marca todos nuestros caminares.
Te marcas unas guías, unas ideas, unos sueños pero cuando te das cuenta ya estás viviendo una historia que no deseabas, no la decidías y terminas por cubrir de cenizas unos paseos donde querías ver flores. Y no queda esto allí, no somos nunca uno, no dependemos nunca de unos solos y terminamos por contagiar a los demás, derrumbando amistades y construyendo otras donde sabes que los cimientos harán que se caigan cualquier edificación.
Reniegas de promesas... No puedes cumplirlas, todo es diferente, no es lo que piensas si no lo que sientes y el sentir no entiende de razones ni de promesas aunque estas fueron selladas de corazón.
Seguimos mirando al frente... Y ahora toca imponer unas normas, un silencio, un encierro de reflexión que nos consiga evocar esos tiempos donde una simple piruleta contentaba a ese tirano llamado corazón.
¿Se puede olvidar lo que no se quiere olvidar? Esperando a que salga el sol, a que vuelva el brillo de una sonrisa relegada a un destino cada vez más incierto. Le salen imitaciones, comienza los bailes bajo la lluvia pero sigue en el recuerdo, no se puede luchar. Cuando consigues olvidar te acuerdas de por qué olvidas y te sumerges en un constante ciclo sin fin, una noche sin fin.
Conversaciones vacías, sonrisas ausentes y unos adioses sin más los ingredientes de la ignorancia… Cada despedida es un adiós, no hay un seguro hasta mañana porque el Sol no sale, sigue la lluvia, sigue la noche y los caminares no se cruzarán, ya no serás su último recuerdo.
Amaneceres que nunca llegan.
Tras esta parafernalia os introduzco la canción presente en mis oídos desde hace poco más de media semana:
¿Por qué nos cuesta tanto memorizar lo obligado? Época de exámenes, tiempos de estudiar hojas y hojas de apuntes con el aprobado (o sobresaliente para algunos) como objetivo.
La vida es un continuo memorizar de datos, acciones, el simple respirar de nuestro cuerpo es un hecho que memorizó nuestro cuerpo para sobrevivir. Quizá haya empezado muy exagerada mi entrada, pero vayamos a algo más simple, hablemos de Perdidos (Lost), aquella serie tan difícil de entender y que rozó el centenar de horas de emisión bien nos podía costar a cualquiera de la que los seguimos un buen diez en un examen sobre ella.
Y solo hemos necesitado ver, sin mucha o poca atención todos sus capítulos. Ahora llegan unas cuantas hojas de apuntes, 40 en mi caso, y no podemos llegar a entenderlas, memorizarlas. En este momento es cuando la carrera pasa de una etapa llana a una de montaña cuya cima parece no ser alcanzada nunca y si lo conseguimos es con sudor y horas de sueño perdidas.
Duele y duele más, cada página que logramos entender y memorizar golpea como un yunque de hierro en nuestra cabeza… Dolor de cabeza en aumento, queda menos, sigues intentándolo, ahora miras el reloj, “maldición, solo quedan 48 horas”. Ahora las prisas te corroen, te arrepientes de los anteriores tres meses perdidos, auguras un final desalentador y comienzas a devorar las páginas sin saber o no lo que contenían todas esas palabras.
Cierras los ojos, te imaginas en una pradera verde con un cielo azul… Abres los ojos y te ves tumbado en un sofá con unas hojas desordenadas que te dicen: “estúdiame…”.
En fin, ¡Feliz época de exámenes! Os dejo una canción motivadora, al menos para mí, y hasta la próxima entrada.
Esta vez la entrada de mi blog la ha hecho otra persona por mi, pero guarda buena razón, ¿no creéis? Y solo quienes creen en la belleza de sus sueños, en lo que no ven, son los que alcanzará las metas más maravillosas y el futuro son para ellos.
Yo creo en mis sueños, por muchas realidades duras que me encuentren, sigo creyendo y seguiré creyendo en lo que no veo. ¿Y tú? ¿Te ves capacitado?
Sí, es cierto. Constantemente nos encontramos con murallas que nos cortan el camino hacia las puertas de la felicidad, pero ¿y qué? Debemos seguir creyendo, luchando, buscar con anhelo aquello que deseamos que un día sintamos compartido, una idea, un sueño hecho realidad.
Hoy cierro los ojos y veo ya nuevos sueños, el anterior se apagó pues ya ni siquiera es pesadilla pues lo que parecía ser un ángel ni siquiera a demonio llega. Pero sigo soñando, si no es esto será otra cosa, y si no es esa cosa algo más se encontrará pero debemos seguir soñando pues, como dije antes, el futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños. Y no a quienes apagan su vida, a quienes huyen de sus sueños por miedo a no ser dueños de un destino que tristemente se convertirá en una historia triste, sin final y sin metas que alcanzar.
El título creo que es bastante claro y lo que viene ahora es simple añadido para hacer de esta entrada una más que merezca la pena los 20 segundos que se tarda en clickar sobre mi blog y leer la entrada.
Es año nuevo, el tercero que ve nacer este blog, épocas de proposiciones, de 365 proposiciones resumidas en una sola: caminar, seguir caminando un año más a pesar de los sufrires que esta vida y mundo nos da.
Los recuerdos del 2010 seguirán presentes pero ahora puedes decir “joder, ya ha pasado un año, ¡olvida! Y eso nos hará ser más fuertes en nuestros deseos, en el cumplir de unas nuevas metas que olviden los fracasos del pasado.
Aún así no deja de ser un simple cambio de cifra, un avanzar simbólico, la vida va a seguir siendo la misma, no se va a crear una nueva a la que alabar y decir qué bien me ha sentado el cambio de año. Todo sigue igual, lo mismo de siempre y una gran nostalgia de lo que se deja atrás.
Pero siempre hay que mirar al frente porque no sabes con lo que te puedes topar, claro que esto puede ser aún peor, pero lo ves y dices “uff, lo que me queda por vivir”, te sientes expectante, con ganas de ver pasar más y más días, años y años. 2011 me traerá nuevas experiencias, estoy seguro, regresos e idas, palabras, más palabras, un blog que seguirá sumando y sumando entradas superando las doscientas.
En fin, no me alargo más, aquí tenéis mi entrada de año nuevo, no he querido darle un toque tan triste como veces anteriores porque al fin y al cabo hay que sonreírlo a lo que acaba de nacer.